Por Francisco García

En la temporada 2011-12, un desconocido base salido de la Universidad de Harvard se convirtió en la gran sorpresa de la NBA, aunque la realidad actual es muy distinta.

Se llamaba Jeremy Lin y tuvo dos semanas al nivel de una superestrella con los Knicks de Nueva York.

La euforia producida por el joven de origen asiático le mereció un genial apodo: “Linsanity” o “LocuraLin”. Pero el paso de los años ha sido cruel con el crack, quien actualmente tiene solo 30 años y sigue sin encontrar equipo para esta nueva temporada.

“Cada año se vuelve más difícil. El fondo del abismo parece estar cada vez más cerca para mí. La agencia libre ha sido difícil. Siento que, de alguna manera, la NBA se rindió conmigo”, explicó Lin hace unos días.

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